¿Cómo no he empezado a ver Mad Men antes? Yo sabía que existía desde hace mucho tiempo, casi desde que empezó. Lo de esta serie fue llegar y besar el santo, como se dice: Muchos emmys en su año de estreno, (si la memoria de no me falla por lo que he leído 8). Tres Globos de Oro a la méjor serie dramática, y 2 para Jon Hamm, el protagonista de la serie; aparte de otros premios de la critica de menos importancia. Y todos los blogs de cine que leo la ponen como una serie sobresaliente. ¿Por que no quería verla entonces?.
Creo que me frenó que fuese una serie dramática. Yo normalmente prefiero que la serie sean divertidas, o de intriga, para desconectar. Y Mad Men no es ni lo uno, ni lo otro.
También pensaba que iba a ser aburrida por que es una serie de profesionales de la publicidad, y el ambiente de trabajo de un publicista no me parecía muy emocionante para que “pasaran cosas”. Un publicista no es ni un policía ni un médico, ¿verdad?.
Pero un día estas aburrida, y te apetece ver una serie nueva antes que desempolvar tus dvds de series viejas, (y con algo hay que pasar el tiempo antes de que empiece la emoción de Lost) y pones un episodio. Y ves a una pobre chica, que va de un pueblo a la gran ciudad, por que ha conseguido su primer trabajo, muertecilla de miedo. (Ahí ya me identifiqué yo con la protagonista, que mal lo pasas cuando consigues tu primer curro). La novata está guiada por una pelirroja que es una trepa de cuidado, a la que le encanta tontear con todos los jefes y que lo primero que sugiere a la prota es que se corte la falda, por que “no vale gran cosa, pero tiene las piernas bonitas”. Ese es otro de los grandes aciertos de la serie: Meter diálogos y situaciones políticamente incorrectos a día de hoy, pero que en 1960 se dirían de esa manera. Lo que marca la oficina no es como se trabaja, sino las relaciones laborales y de poder entre los ejecutivos de la empresa, las secretarias, y las relaciones de los empleados con los clientes. Desde el principio se crean conflictos entre el territorio laboral de cada uno (Los ejecutivos de cuentas no influyen en los creativos, y las secretarias tienen casi imposible separarse de sus máquinas de escribir).Hay celos profesionales, todos hablan mal de todos pero todos aparentan que se llevan muy bien. Esto no ha cambiado mucho.
Después tenemos al protagonista, educado, atento y amable, pero del que poco a poco, mediante pequeños detalles, sabemos que tiene un pasado del que se avergüenza y que quiere olvidar, a golpe de talonario. Don Draper no es Don Draper, o no lo era antes de trabajar en la agencia. Es el director creativo de la empresa, y como otro personaje dice de él “Aquí no se mueve un clip sin que lo sepa Don Draper”. Es el creativo que consigue más clientes, pero también es el que más trabaja, aunque parezca que sólo fuma y bebe. Por que fuma y bebe, él y todos. Una barbaridad. Como dice el dueño de Lucky Strike, preocupado por las noticias sobre que el rabaco es nocivo para la salud. “Me consuela saber que hasta los médicos fuman”.Sólo 40 años después, hay una cruzada anti- tabaco enorme, y en aquel tiempo era un símbolo de status y elegancia. Aún no me he acostumbrado a tanto humo.
También esta reflejada la vida dómestica de estos ejecutivos, y ahí se complementa la imagen del éxito que un ejecutivo debe dar.: Estan casados con mujeres hermosas, tienen hijos y una casa estupenda, pero no están satisfechos, trabajan hasta tarde, y la mayoría de veces llegan todo lo lejos que pueden con alguna de las secretarias. El protagonista es el ejemplo más claro de estar insatisfecho, aunque tiene a la mujer perfecta, a la que le parece fantastica cada palabra que dice, ( por eso no me cae bien del todo) aunque también recela de él, como le dice a su psiquiatra.
El último detalle que me encanta de la serie es su ambiéntación: Vestidos y decorados de la épóca, que han creado tendencia, y cuidados al detalle, (que les hizo plantearse dejar la serie después de la tercera temporada, por ser muy costoso) referencias a marcas y lugares conocidos, y unos guiones trabajados, hacen que tenga ganas de verla casi cada día.
Y ya sé lo que hace un publicista: Vende felicidad.